Faltas de ortografía: ¿error o estrategia de venta?

No son pocas las empresas que deciden hacer campañas llenas de faltas de ortografía. ¿El motivo? Quieren llamar la atención y, sobre todo, que se hable de ellas. Chupa Chups es una de estas marcas que decidió crear su eslogan con una errata. A mí ma tocao un dolor de cabeza al verlo. Por supuesto, eso es lo que buscan. Que la gente se indigne, que hable del anuncio porque, en el fondo, están haciéndoles más publicidad y acabarán subiendo sus ventas.

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Uno de los eslóganes de la campaña de 2015 de Chupa Chups

Por desgracia, no todas las faltas de ortografía que vemos en la publicidad son producto de una estrategia de ventas ni de una campaña comercial. A veces, simplemente, la gente se equivoca. Echémosle un vistazo a algunos de estos errores.

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Ley antitabaco en uno de los carteles de la Junta de Andalucía

La Junta de Andalucía se tomó su tiempo en hacer carteles de la prohibición de tabaco en zonas públicas, pero no dedicó mucho a revisarlos. Quizás todos pensaban que estaba bien, exepto yo.

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Leer a cuatro ojos

O en mi caso, a seis.

Siempre se ha dicho que leer es algo muy solitario y, cuando pensamos en alguien al que le gusta leer, le imaginamos en su habitación pasando horas y horas entre páginas. Pero esta visión está lejos de ser verdad, especialmente con la importancia que está adquiriendo la literatura en Internet y las redes sociales.

El mes pasado decidí participar en una lectura conjunta que organizó Lidia Weasley, autora del blog La literatura de los dormidos despiertos, y en la que leímos y comentamos el libro Yo antes de ti de Jojo Moyes. Me gustó tanto la experiencia que volví a unirme a su siguiente lectura conjunta, Todas las hadas del reino de Laura Gallego.

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Los libros unen a la gente

La experiencia fue muy interesante y me sorprendió lo mucho que disfruté comentando y esperando a que el resto leyera lo que yo había leído para poder hablar del último capítulo que tocaba leer para ese día. Me gustó también escuchar nuevos puntos de vista, detalles en los que no me había fijado y ver cómo otras personas reaccionaban a una escena de manera diferente a mí.

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Comparte tus sueños

Tengo un millón de sueños en la cabeza y a veces pienso que demasiados. Son tantos que no sé por dónde empezar a cumplirlos. Algunos, si no pienso en ellos durante un tiempo, los olvido. Aparecen, me hacen ilusión por un instante y se esfuman, como si nunca hubiera existido. Estos son sueños que, en el fondo, no me importan demasiado, como tener ese vestido nuevo que vi en un escaparate, viajar a algún sitio del que he oído hablar solo una vez… Me gusta llamarlos sueños ojalá. Te encantaría que se hiciesen realidad pero, en realidad, no haces nada para que ocurran. Son más bien un «ojalá haga buen tiempo el viernes», pero nadie reza para que salga el sol.

Pero también hay otro tipo de sueños, los que de verdad merecen la pena. Llamémoslos sueños cantarines. ¿Por qué? Pues porque, desde el primer momento en el que los deseamos, no dejan de dar vueltas en nuestra cabeza, repitiéndose cada cierto tiempo, para que no los olvidemos al fondo de un cajón y luchemos por cumplirlos. Seguro que has tenido más de un sueño así. Son casi un incordio. «Celia, ¿tú no ibas a salir a correr? Así no vas a acabar nunca una media maratón». Y así día tras día.

Por desgracia, estos sueños cantarines, con el paso del tiempo, se cansan de ser nuestro pepito grillo particular y su voz se va apagando poco a poco, hasta convertirse en sueños ojalá y, una vez allí, poco queda por hacer.

Qué fácil es soñar y qué difícil ponerse a trabajar para que los sueños se conviertan en una realidad, ¿verdad? Pero más difícil aún es encontrar la motivación día a día que nos empuje a seguir por el mismo camino. ¿Cuántas veces me he cansado al cabo de un tiempo, cansada de no ver resultados?

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