Nos volvemos bilingües sin saberlo

—Tía, ¡cuánto tiempo! ¿Qué tal va todo?

—Genial. El fin de semana pasado Mike y yo reservamos una suite en ese hotel de la playa, en el que se alojan tantas celebrities. Nunca he visto nada con tanto glamour. No sabes cuánto necesitaba ese spa. Además, empecé el libro que me recomendaste, ese thriller tan famoso. Sigo en shock después del segundo capítulo, pero no me hagas spoilers que aún no lo he acabado. Tienes que ir, de verdad. Mira, mejor te envío un mail con el link del hotel y te informas, que seguro que hay fotos online maravillosas. Eso sí, menudo jet lag tengo desde entonces. Casi se me olvida, te he traído un souvenir de México.

—Muchas gracias. Suena de lo más hipster. ¿Sigues yendo al gym? Yo me he apuntado a spinning, porque necesitaba un poco de detox después de tanta comilona de Navidad. Es una clase un poco dura, pero las playlists hacen que te esfuerces mucho. Ojalá me pasara lo mismo con el running. Oye, tengo un poco de prisa, ¿qué tal si nos vemos otro día?

—Perfecto. Espera, vamos a hacernos una selfie primero. Seguro que tendrá muchos likes. ¿Qué te parece si nos vamos de shopping y así elijo un outfit para salir a correr contigo? Al final nos volveremos runners y todo.

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El rosa no es solo para niñas

Si el rosa no se considera un color «de niñas» ni el fútbol un deporte «de niños», ¿por qué seguimos encasillando la literatura infantil como algo «de niños»?

Leemos, o al menos yo lo hago, para evadirnos y acercarnos a mundos que nos son desconocidos o lejanos; para conocer nuevos lugares y viajar a miles de años luz de nuestra casa.

Igual que todos preferimos visitar un lugar a otro (¿a qué nadie te ha mirado mal por decir que prefieres Madrid a Barcelona?), todos tenemos un género favorito o algún tema que nos interesa más.

Por eso, si el objetivo de leer no es otro que ir aprender algo nuevo o transportarnos a cualquier otra parte del mundo, ¿por qué está mal visto que una persona de 30 años, por ejemplo, lea un libro que una editorial ha decidido etiquetar como «literatura infantil»?

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Qué entenderá ella, si es de letras

Qué va a entender ella, si es de letras. Si ha pasado la vida estudiando datos inútiles, rodeada de libros con historias que no sirven para nada. Si no hace más que leer, memorizar fechas y jugar con las palabras. ¿Para qué sirve eso?

Qué va a entender ella, si su trabajo puede hacerlo una máquina. Si no es capaz de entender lo mismo que yo, lo que de verdad importa, lo que viene seguido de la palabra «ciencia». Si lo suyo puede hacerlo cualquiera, mientras sepas inglés o el idioma que sea. Para eso está el diccionario, ¿no? ¿Y el traductor de Google? Si lo inventaron fue por algo. Al fin y al cabo, el ser humano no es perfecto. (A menos que, como yo, sea científico).

Qué va a saber ella, si no le gustan los números y con lo que estudia no tendrá ni futuro ni trabajo. ¿Por qué no eliges otra cosa? Lo tuyo está bien como hobby, pero no para ganarse la vida.

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Si te gusta correr, ¿por qué no corres?

Si te gusta correr, ¿por qué no corres? Es que no tengo tiempo, hace frío, está lloviendo, tengo mucho que estudiar, ya empezaré mañana, hace demasiado sol, he comido demasiado y ahora me encuentro pesada, no quiero ir sola, no me apetece, ya lo haré luego, ¿no tenía yo que ir a algún sitio?, primero voy a dormir un rato…

Pero, ¿a ti no te gustaba pintar? ¿Por qué ya no pintas? Se me acabaron las acuarelas que me gustaban, no tengo papel, no se me ocurre qué pintar, no sirve para nada, tengo muchas cosas que hacer, la inspiración me ha abandonado…

Si te gusta viajar, ¿por qué no viajas? No tengo con quién ir, qué caros son los billetes, la mochila pesa demasiado, ¿y si no me gusta el hostal?, lo haré cuando tenga más dinero, aún estoy planeando el viaje perfecto, con este tiempo no voy a disfrutarlo, se me ha caducado el pasaporte…

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